El Diario de las Despedidas, en tu nombre seguiré viviendo…

Este día la butik abre sus puertas para presentar la continuación del Diario de las Despedidas; pero esta vez nada tiene que ver con el desamor, sino con aquel adiós que es necesario porque el cosmos o Dios o la naturaleza así lo impone, porque la muerte tiene permiso, como dijera Edmundo Valadés. Estas despedidas suelen ser las peores, por varios motivos: 1) por el vacío físico y espiritual permanente que se aloja en un rincón del ser; 2) porque no estamos acostumbrados a lo finito, es decir, creemos y queremos la eternidad; 3) por egoismo puro, pues no es posible concebir nuestra vida sin la otra persona, porque nos genera esos dolores que penetran la piel, las paredes de las habitaciones y hacen crujir la vida a cada paso que se da, y siempre se piensa: no es posible que YO tenga que experimentar este sufrimiento tan poco convencional.

Cualesquiera que sean las razones personales para creer que las despedidas mortuorias son las peores, me parece que ante ello, siempre es necesario realizar un cambio, pues si la materia siempre está en constante transformación, ante una evidencia tan palpable, como lo es la desintegración del cuerpo, lo que queda es realizar modificaciones de fondo, de lo mucho o poco que dejó ese ser amado más aquello que siempre quisimos hacer, pero que se quedó en el tintero por aquellos miedos absurdos que se nos van pegando en el camino, como lapas inservibles.

Es por ello que la muerte no sólo tiene permiso para arrebatar, sino que también nos da permiso de crear algo nuevo, a partir de la despedida, y es ahí donde cobra más valor el que realice intervenciones tan abruptas en nuestro camino; convenientemente nos deja decidir entre la transformación o la destrucción, difícil decisión cuando estamos perdidos en parajes solitarios o cayendo en abismos que parecen no tener fin.

A partir de estas reflexiones y de experiencias no tan cercanas con la muerte, decidí escribir acerca de la muerte de una persona que conocí hace no mucho, a quien estimé en su momento y que siendo muy joven, tuvo que ir al otro lado del Estigia para entregar el cuerpo. He aquí:

“La vida tiende a representarse de formas insospechadas, se puede mostrar cruel o despiadada, sin ánimo de dejarnos un suspiro en el cuerpo; o bien, brillante y hermosa, suave y dulce, no necesariamente como recompensa para aquellos que han mostrado un buen vivir.

Hoy tuve uno de esos encuentros crueles con la vida, la muerte de una persona cercana y me siento sin saber qué sentir, con esa idea que se resiste a creer que es verdad. Hoy ya no me pregunto el porqué, sino pienso en el día que yo sea la protagonista de una historia similar y reflexiono acerca de si seré capaz de sentir orgullo de mi vida, de mirar de frente al sol sin arrugar la frente.

Hoy en la noche tal vez tenga pesadillas nuevamente, pero quizá mañana ya no; hoy en la noche  pensaré en ti, en el modo más lindo que tengo para recordarte y desearé que tu partida no sea en vano, desearé que efectivamente mañana se vaya el mal dormir, para darle paso a esa luz fulgurante que permite llegar a la inocencia en el sueño.”

Dejo estas reflexiones en su camino, esperando que cuando la muerte nos sorprenda, sea la mejor despedida de esta vida, satisfechos de haber hecho lo suficiente para ser felices.

Au revoir!

Esta entrada se publicó el julio 19, 2011 en 5:12 pm y se archivó dentro de Los Diarios de la Vida. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

2 pensamientos en “El Diario de las Despedidas, en tu nombre seguiré viviendo…

  1. Clementer en dijo:

    Es bueno dejar el nombre del que se fue, así no se borra del colectivo.
    Migra a Twitter.

  2. ASalas en dijo:

    Haré mias las palabras de Quino, responsabilizandome de todo aquello que se dice:… Pienso que la forma en que la vida fluye está mal. Debería ser al revés: Uno debería morir primero para salir de eso de una vez. Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que te saquen cuando ya no eres tan viejo para estar ahí. Entonces empiezas a trabajar, trabajar por cuarenta años hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación. Luego fiestas, parrandas, alcohol. Diversión, amantes, novios, novias, todo, hasta que estés listo para entrar a la secundaria… Después pasas a la primaria y eres un niñ@ que se la pasa jugando sin responsabilidades de ningún tipo… Luego pasas a ser un bebé, y vas de nuevo al vientre materno, y ahí pasas los mejores y últimos 9 meses de tu vida flotando en un líquido tibio, hasta que tu vida se apaga en un tremendo orgasmo… ¡¡¡ESO SÍ ES VIDA!!! Abraham Salas

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