Las dietas destruyen y tú…mereces vivir =D

Todos los días, desde hace más de 15 años, me levanto con la firme decisión de ir a correr a la pista de 400 metros que está en la UNAM, o bien, ir al gimnasio para tomar clases de yoga, pilates, kick boxing, tae bo y las miles de disciplinas que están de moda y que prometen, mediante diversión pura, que mi cuerpo será escultural en un tiempo razonable.

De la misma forma, me levanto con la decisión de hacer la dieta que me pasó mi mejor amiga, la dieta de la luna, la dieta del atún, o alguna que esté en los best sellers escritos para “aprender a comer” o ya de menos, las dietas polvorientas que me quedaron de la última vez que fracasé con la nutrióloga.

Nunca logro ni una cosa ni la otra, por lo que en diversas ocasiones he recurrido al auto-psicoanálisis, me pregunto cuál es el origen de esta gordura y pienso en las siguientes opciones:

a) Vacío existencial.

b) La falta de un romance que me haga matar el tiempo pensando en la otra persona.

c) El franco amor que siento por la comida, pues generalmente ella no me traiciona.

d) Es pecado desperdiciar la comida.

e) Todas las anteriores.

Cualquiera de esos motivos me lleva a pensar en que algo tiene que cambiar, pero me da miedo caer en los métodos extremos, como hacer uso de laxantes; mirarme todos los días y decirme que obesa NADIE me va a querer hasta convertirme en anoréxica; recurrir al vomito posterior de cada comida, hasta que el esófago se destruya; remedios sin duda infalibles para ser delgada,  a los que muchas llegan con tal de encajar en una sociedad de estereotipos, ser “chobi” no es “nice.”

Los consejos de los conocidos con peso ideal son siempre muy oportunos porque ellos nunca han estado gordos o bien, lograron bajar sus kilos de más “con fuerza de voluntad”, lo que les da autoridad en la materia para, inclusive, regañarme porque me sigo comiendo la caja de tortuguitas de chocolate, 2 rebanadas de pastel y hasta los tacos al pastor con doble tortilla; a estas alturas del colesterol y los triglicéridos, Dios me va a castigar -dicen-.

Hasta la seguridad social, las televisoras  y el photoshop se preocupan por lograr un mundo de NO OBESOS, buscan que todos nos veamos como los modelos de las revistas: piel perfecta, peso ad hoc, no celulitis, no estrias…

De todo esto, lo que me queda es (aquí también varias opciones y vuelvo al inicio del círculo vicioso):

1) Volvereme rica y hacerme todas las operaciones necesarias hasta tener el cuerpo de J.Lo.

2) Cerrar el piquito y hacer ejercicio en ese caro gimnasio (o “gym” para que se escuche “in”) en el que ya pagué mi membresía.

3) Hacerme una lobotomía para que deje de gustarme la comida.

4) Ser feliz así como soy y atesorar este corazón de gomita Haribo, sólo para conocedores.

Creo que me quedo con la opción 4), procurando tener un peso que me permita caminar, subir las escaleras, cruzar la montaña, respirar sin dificultad y lo más importante…abrocharme las agujetas de los zapatos y sonreir!!

 

Esta entrada se publicó el julio 27, 2011 en 4:39 am y se archivó dentro de Los Diarios de la Vida. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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