Italia indómita

Pensar en Italia es recordar todos aquellos artistas que han nacido de su tierra fértil: pintores, poetas, escultores, cineastas y actores, protagonistas de novelas que en ocasiones nos resultan inverosímiles, pero que no sabemos hasta qué punto están apegadas a la realidad de su cultura; qué poemas tan sublimes, que pinturas tan bellamente trazadas han sido inspiradas en la geografía mágica de un país tan rico en historia.

Italia me recuerda a Dante y su Divina Comedia, porque no podía haber sido otra la que vio nacer la clara imagen que guardamos hasta nuestros días del infierno, el purgatorio y el cielo, cada uno contados de una manera extraordinaria y que nos hacen pensar en el destino que tendremos si dedicamos nuestra vida a la virtud o al pecado. Es una tierra llena de pasión y aventura, cada paso que das, cada mirada que te toca, te hace ver lo difícil que será llegar al cielo, porque los pecados están a la vuelta de la esquina, fumando un cigarrillo y esperando verte pasar para decirte un piropo que seguramente te cautivara.

 

 

El acercamiento comienza con sus hombres y mujeres, seres angelicales que te endulzan el oído con sus rostros y con sus palabras italianas que te sonrojan la piel, su voz es un cosquilleo incesante, el despertar de un deseo reprimido; amantes ideales con miradas intensas y pasionales, que te atraen como las sirenas para luego devorarte lentamente, qué suave y deliciosa les sabe la carne extasiada!

El coqueteo no para en esa estación, sino que se desplaza por las 20 regiones italianas, que dignas de sus particularidades, se imponen frente al resto del mundo, soberbias y orgullosas; regiones cuyos paisajes son dignos de la pereza más audaz. Quedarse varado en un paraje de la Toscana sería propicio para renunciar a la vida hasta hoy construida y tirarse al abandono con una copa de vino y unas rodajas de mozzarella di bufala…ah! huele a hierba fresca y uvas remojadas; perderse en las costas del Mar Liguria, en las que Cinque Terre emerge como un lugar arrebatador y digno del amor, del sol que te acaricia el alma y del susurro del mar de pescadores; o bien, caminar sin rumbo por las calles romanas, que hacen vibrar a cualquiera con ese misterio y poder que se desprende de las edificaciones que nos cuentan relatos acerca de la construcción de un imperio,  la creación del Derecho que vive hasta nuestros días y se respira en los libros, el hambre de superioridad que se refleja en la belleza de Bernini.

En este punto ya no hay marcha atrás, la entrada al infierno fue relativamente fácil gracias a los pecados que se arrojaron por doquier a tu paso, la puerta de Cerbero se abrió y éste mostró sus fauces en señal de victoria, eres una alma más que se rindió ante el resplandor italiano; pero la historia no para ahí, pues la gula también está presente esperando su turno para actuar en este relato…

 

Es impensable olvidar la cocina italiana y sus platillos exquisitos, repletos de tradición familiar, que en cada bocado nos cuentan una historia íntima, de traición, de coraje y valor, de una vida que no puede quedarse guardada en la región que le da pertenencia. Mucho se ha dicho del romance que nace por el estómago, Italia lo tiene muy claro, qué mejor manera de seducir que una combinación de insalata caprese, lasagna y una copa de brunello di Montalcino a las orillas del Lago di Como; un buen cappuccino y pan recién horneado te provocan la esperanza de morir algún día con la barriga llena y el corazón contento.

El único consuelo que pueden embargar a algunos, los virtuosos, es  que Italia también se distingue por ser el cobijo de la iglesia católica, cuyo centro encontramos en el nada suntuoso Vaticano, de tener a Santa Maria in Trastevere, Santa Maria del Fiore, Santa Maria Nascente increíblemente erigidas en Roma, Florencia y Milán (por decir algunas), de crear las mejores obras de arte de la Madonna e il bambino, porque de no ser por ello, probablemente ardería completa en el infierno, gracias a sus múltiples fuentes de placer que generan un brillo en nuestros ojos cada que pensamos en ella, existes donde te quiero y te quiero porque existes.

Esta entrada se publicó el septiembre 12, 2011 en 11:50 pm y se archivó dentro de Diario de los Viajes. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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