El diario del destino.

La luz del sol me dolió en los ojos y sólo así cobré conciencia de que había estado dormida desde ayer, poco antes que comenzara la lluvia, habrán sido 10, 15 o 16 horas las que fueron invadidas por el sueño, poco importa con esta pesadumbre que me quema los huesos, este sentimiento que quisiera reventarme por dentro y dejarme una herida profunda en ese lugar donde acostumbrabas estar cuando te sentías abatida.

Ya tengo abiertos los ojos, pero mi cuerpo no reacciona, es como si mi cerebro ya no reinara sobre mi, cada parte ha cobrado independencia y se rebela, no hay un ser humano que soporte esta anarquía del ser…siento el caos y quisiera gritar, pero mi boca no me escucha; quisiera salir corriendo, pero mis piernas se cansaron de pelear contra corriente.

Decido quedarme, aunque en realidad no es una decisión propia, pero al final me conviene, tengo que tratar de dominarme, retomar el curso normal de la vida, la vida que me dejaste y que ahora perdió su eje, que vacío, que grande se siente la habitación, como si hubiera perdido la dimensión de las cosas…me siento tan pequeña que seguramente por eso me estoy ahogando en este gran  vaso con agua, que no es cualquiera, pues contiene lagrimas que recolecté el día que te fuiste, nunca había llorado con tanta intensidad, pude haber regado mi desierto y aun así me sobraba una cubetita, para volver a ahogarme las veces que fueran necesarias.

Por más que mi mente quiere pensar en un prado, en flores resplandecientes y en un cielo azul que me cobije del frío, sólo vienen a ella imágenes de esos días, de ti, de mi, de nuestra lucha constante, de la batalla perdida…los hubiera vienen a mi como un castigo, aunque quisiera, no los evito, me hacen tener este sabor amargo en la boca que no se va con nada…tal vez algún día decidan sacar las piedras que pusieron en mis zapatos. No te suelto, hace un mes que no te suelto, hace 31 años que te conocí y ahora qué hago para dejarte ir, me duelen tus sonrisas que ya no veo, tus ganas de saber que ya no me preguntan, tus palabras que ya no escucho, tus pasos casi sin fuerza, tu anterior energía que iluminaba la casa, que daba luz a mi existencia…

Ya empieza a oscurecer, el día se acaba, el sol se fue, estoy en la penumbra, me siento en la penumbra, a veces puedo sentir tu paz, pero aun no llega la mia, tal vez se retraso con este tránsito de la ciudad o tal vez está perdida, como yo, en esta inmensidad; por lo pronto, voy a cerrar otra vez los ojos y me gustaría que vinieras hoy a la casa, que cocináramos un pastel e hiciéramos la ensalada de manzana que tanto nos gusta, quiero recordarte como la gran mujer que fuiste y no con angustia ni desesperanza, haz lo posible por llegar, voy a dejar una vela prendida y tus chocolates favoritos en la mesa.

Te extraño más que nunca, te amo como siempre. El viaje aun no termina…

Esta entrada se publicó el diciembre 1, 2011 en 12:17 am y se archivó dentro de Los Diarios de la Vida. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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