“Germania” y sus dudas

Recuerdo mis viajes y los lugares ahora conocidos, dignos de mención cada uno por sus peculiaridades, pero hoy me centraré en Berlín y Munich, la Alemania que siempre quise visitar y que se abrió a mis ojos en todo su esplendor. Estas urbes presentan una dinámica distinta al resto de muchas ciudades europeas, tal vez ello se relaciona con el hecho de la destrucción de Alemania en las dos guerras mundiales de las que ha sido protagonista,  de las que ha resurgido de entre las cenizas para ser hoy una de las potencias mundiales, lo que nos permite ver su fuerza, su tenacidad y su hambre de vida; la baviera se alza en una de sus regiones, imponente, ególatra, con un ligero aire de superioridad; Berlín se viste moderna por un lado e industrial por el otro, en cada poro de sus calles se respira el holocausto, como recordatorio de los horrores que somos capaces de recorrer los seres humanos.

…Estoy en Munich, después de un largo trayecto desde Praga, es un bello lugar en el que se aprecia un respiro con olor a universidad y cultura, el edificio del Ayuntamiento de un estilo neogótico nos habla de su riqueza, un edificio imponente y sublime con figurillas que representan, al son de música típica de la región, eventos importantes ocurridos en su historia y qué decir de los restaurantes enclavados en las cervezas alemanas, se inundan las plazas y callejones de Augustiner, Paulaner, Franziskaner, que servidas en tarros guardados celosamente y acompañadas de un buen trozo de cerdo nos hacen pensar en tabernas medievales, la máquina del tiempo está presente en cada bocado, en cada trago de cerveza dunkel, en los hombres y mujeres vestidos con sus trajes tradicionales.

…Cerca de Munich me acercó a Dachau, uno de los campos de concentración más importante durante la Segunda Guerra Mundial, respiro el frío, la desolación, la tristeza de sus cimientos, el malestar de sus letreros aun vivos “No fumar” “El trabajo nos hace libres”. Escucho y veo historias de hombres y mujeres judíos, gitanos, homosexuales, cuya humanidad fue ridiculizada, vapuleada, mancillada por soldados que posan con sonrisas vacías para las cámaras, la crueldad de la guerra aun vive en el lugar, encapsulada en el único dormitorio que queda de pie. Mis pesadillas se vuelven niñas a comparación de las historias que ahí se narran; los que no vivimos en la época tendemos a olvidar o minimizar el pasado, lo ignoramos; pero aquí es imposible no mirar, no sentir, no oler el miedo, Dachau está presente para que Alemania no olvide, para que viva con dudas acerca de iniciar nuevamente un poderío ario. Me duelen los huesos del frío, qué habrá sido de ellas y ellos que trabajaban casi descalzos y en harapos, me voy desolada…de regreso a la ciudad, la vida no se mira igual.

…Dos días después voy de ride hacia Berlín, el camino se hace ameno escuchando a cinco alemanes hablando su lengua natal, de la que sólo conozco tres palabras, no tengo más remedio que soñar con ver lo poco que queda del muro y las historias de la guerra.

Berlín no sólo representa la modernidad, con su TV Tower y el Sony Center, sino la historia misma vista en la Brandenburger Tor, el monumento negro del holocausto (denominación propia) y lo que queda del muro, dispersos en una ciudad perfecta, creativa y funcional. Tal como Dachau, Berlín recuerda sus episodios cruentos, memorias que perduran, que se llevan marcadas en la frente. No significa que su gente sea gris y que viva atemorizada y mártir de su tragedia; pero sí es patente el sentimiento común de no volver, de no mirar atrás.

Nosotros los turistas vemos el muro de Berlín como un grafiti  representativo de la libertad, no obstante, olvidamos la historia detrás, la desesperación, el haber pagado caro el exterminio; los archivos nos cuentan cómo vivían los alemanes dominados por los vencedores de la guerra, las diferencias de haber estado separados en dos esferas de concreto, la lucha por sobrevivir, la curiosidad de saber lo que había del otro lado. Sin lugar a dudas, Alemania también sufrió la guerra, a su manera, estoicamente los inocentes, sin remedio los culpables.

Los extranjeros vamos y venimos de estas tierras pensando en lo bonita que quedó la foto en la pared pintada como el album The Wall, pero los alemanes que sí son conscientes de si mismos y de sus antepasados, viven todos los días con sus recuerdos, el camino a la escuela los llevará por el monumento negro, por la nueva Sinagoga, por el Checkpoint Charlie o algún otro que siempre traerá al presente las atrocidades de Hitler, el dolor y la división.

 

Esta entrada se publicó el febrero 19, 2012 en 4:44 am y se archivó dentro de Diario de los Viajes. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

2 pensamientos en ““Germania” y sus dudas

  1. Clementer_Mx en dijo:

    Pao: la narrativa me ha gustado: amena, simple, directa, sin barroquismos. Bien bajado el balón.

    Me gustaría que escribieras sobre el sentimiento de culpa del pasado de aquellos habitantes, que nada tuvieron que ver, pero que viven con el remordimiento a cuestas; que me parece en países como Hungría, o Austria, no hay tal. Un par de narraciones, si

    PD: Esa última foto es estupenda, digna de enmarcarse en una marialuisa amplia y un marco metálico, rodeada en una pared de colores vivos, como un verde, un rosa, un amarillo.

  2. Bien llevado, fue agradable leerte, saludos.

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