Caramelos para la niña interior

Tengo un puñado de caramelos en la mano, quisiera comerme sólo los rojos, reservar los morados para más tarde, sin lugar a dudas esos me gustan mucho más porque tienen un sabor agridulce que me provoca cosquillas en la lengua. Recuerdo que en mi infancia solía correr con los de la pandilla a la tienda de Doña Lupe, quien tenía toda una gama de dulces y chocolates para elegir. A mi niña interior le gustaba comerse una jicama con chile y limón, después disfrutábamos de un bocado grande de delicias multicolor.

…Mi niña interior y yo fuimos muy felices corriendo por las calles de la colonia, jugábamos al “bote pateado”, a las “escondidillas”, a las “coleadas”, nos subíamos a las bardas, saltábamos por las alturas sin ningún miedo a rompernos un hueso o regresar con las rodillas o la cara raspada; siempre fuimos las más rápidas del oeste, no le dábamos tregua a ningún niño, era como sentirnos reinas en tierra de ciegos;  las vacaciones eran los mejores momentos del año, retozábamos por el bosque y los ríos de un pueblito muy pintoresco, comíamos manjares dignos de reyes, cazábamos insectos, volábamos con ellos, inventábamos historias a cada paso, hacíamos cuevas en la tierra que eran nuestros palacios y nuestra guarida…

Cuando entramos a la secundaria sufrimos un cambio interesante, nos gustaba sentarnos en el sol a leer poesía de Xavier Villaurrutia mientras Janis Joplin cantaba Summertime, no era algo pretencioso, sólo eramos un par de locas que amábamos la “Nostalgia de la Muerte”, usábamos falda y huaraches, jugábamos a ser intelectuales. Ya no nos juntábamos con niños, los roles para ese entonces ya estaban claramente definidos, nos reuníamos con un grupo de chicas que no tenían sólo el cabello rebelde, sino las ideas revueltas y revolucionarias; una vez organizamos una marcha, repartimos volantes, a algunas las detuvo la policía; fuimos felices a nuestro modo, muchas veces en el caos y los conflictos que representaba la adolescencia. Mi niña interior se complacía de mi nueva etapa creativa, pintábamos paisajes, escribíamos versos de la vida, sin saber que mucho tiempo después esa vida nos pasaría una factura que valía la pena pagar aun con su alto costo, parece que crecíamos con pasos gigantes, pero no importó, teníamos mucha hambre de aprendizaje…

Así siguieron pasando los años, nuestras mentes creativas seguían su curso, la música corría por nuestras venas, la pasión por los libros cada vez era mayor, a ella le gustaba comerse la literatura a grandes mordidas, a mi me gustaba llorar con las películas de la cineteca, a ambas nos gustaba el cine mudo acompañado de un piano teatral; pero un día…sin darme cuenta…una nube gris se posó entre mi niña y yo, ella prefirió esconderse en un rincón muy remoto de la casa, tenía miedo de los pasos que yo seguía dando sin detenerme, sin mirar atrás, yo sabía que mis decisiones nos alejaban, no lo quise pensar, preferí crecer sin volverla a escuchar…

Ella se volvió tan diminuta que ya no nos veíamos a la cara, me veía estudiar, ir a trabajar, dormir-trabajar-dormir-trabajar-dormir, tic-tac-tic-tac…quería jugar, pero ya no veíamos las cosas de la misma manera, ni de la misma magnitud; mi creatividad se redujo a leer los libros de la profesión que elegí, así como unos cuantos más que me recomendaban algunos amigos, ahora todos jugábamos a ser adultos, ya no había tiempo para matar el tiempo, ni para sentir el sol, bailar en la lluvia, sentir el viento en el cuerpo, nadar en el río, tirarnos en el pasto y al mismo tiempo comer una paleta helada de limón…hasta que un día me miré al espejo y me sentí gris, del mismo color de la nube que nos separó, supe cuánto había dejado atrás y cuánto quería retomar de esos momentos que pasamos juntas, nuestras risas y nuestras charlas que todo lo resolvían sin tanto empacho.

La miré en su rinconcito, se parecía a la muñeca fea de la canción triste de Cri-Cri, la desempolvé, la puse guapa, le coloqué el moño rosa que tanto le gustaba y que siempre le prohibí, le pedí perdón, nos abrazamos como nunca, con la promesa de nunca más olvidarnos en esta monotonía de lo cotidiano.

COLORÍN COLORADO, ESTE CUENTO SE HA ACABADO Y EL QUE NO SE PARE, SE QUEDA PEGADO😀

Esta entrada se publicó el julio 4, 2012 en 11:24 pm y se archivó dentro de Los Diarios de la Vida. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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