“There are no more tickets to the funeral”

Siempre que escucho que una persona cercana falleció, me viene a la mente como corriente eléctrica el funeral de mi madre, tan terrible y tan hermoso a la vez. Recuerdo todas las flores que la acompañaron ese día, aun tengo su olor en la punta de la nariz; también los rezos, al ritmo de una guitarra que me desgarraba por dentro con cada Padre Nuestro; las miradas y los abrazos de todos los presentes; las palabras que nos acompañaron hasta el horno de incineración.

Me he preguntado varias veces si mi madre se hubiera molestado conmigo porque sólo cumplí un cincuenta por ciento de su voluntad, el funeral fue a mi modo, no al de ella, no quería que la “cafetearan” sus detractores -me decía-, al final estuvimos todos presentes, unos más afectados que otros, unos más humanos que otros, todos bebimos café y algunos hasta comieron galletas; pero no podía despedirla de otro modo, era una reina y como tal, necesitaba ser despedida con grandeza, con la importancia que su vida tuvo en nuestras vidas. Después hice su voluntad, la llevé a la tierra que siempre amó, ahí esparcí lo último que me quedó de su cuerpo, ahí nacieron nuevos recuerdos, que me acompañan cuando suelo pensar en ella y ahí fue feliz, lo vi en su rostro la última vez que vino a mi en sueños, con su blusa blanca oaxaqueña y esa luz que iluminaba la hierba fresca de la mañana.

Pensar en ella hoy, a los pocos días que faltan para el día que sería su cumpleaños, me recuerda nuevamente el origen de este relato: los funerales.

En los funerales se hacen promesas eternas respecto a la vida que vendrá, se dice que los presentes se hablan con mejores palabras, se procuran amistad y confianza, traen a colación los mejores recuerdos, incluso se miran como si fueran más que amigos o parientes; también se lloran las culpas, sobre todo si hay una cuenta pendiente con la persona que se fue, es tremendo pensar que hubo peleas o malos entendidos antes de la muerte, difícilmente se acallan esos demonios, devoran todo a su paso, eso lo he visto; se perdonan errores, se limpian las libretas repletas de deudas, donde hubo millones de errores, mañana hay hojas blancas; incluso a veces, representan la mejor medicina para las enfermedades de los hipocondríacos, pues no quieren verse pronto en esos zapatos. En la mayoría de los casos, parece que la muerte despereza el mejor lado del ser humano.

Yo no hice ninguna promesa, pero sí lloré mis culpas, pensé muchas veces que no le había dado lo mejor de mi, que la había dejado sentirse derrotada, cansada, que debí haber hecho más y que no lo hice; me hundí en un fango que se alimentaba de mi día con día, hasta que alguna vez alguien me dijo: TÚ NO ERES DIOS! En ese momento lo comprendí todo, fue cuando callé, cuando las culpas se fueron, cuando la claridad me dio paz. 

…Los funerales son convenciones sociales, pláticas de café, reunión de amigos que tenían mucho tiempo de no encontrarse debido a sus apretados tiempos de oficina. La verdad es que no tiene nada de malo que mientras unos lloran, otros rían, es parte de la vida, es la realidad; lo único que se pide es que los demás sean empáticos con el dolor; dar una mano, un brazo, un cuerpo entero para levantar al vencido y darle amor. Después de eso, no se les pide nada más.

Yo encontré personas empáticas que me sacaron  del coche para entrar en mi casa, que me abrazaron cuando ya no tenía energía, ni ganas de vivir, qué bueno que pudieron tomarse su café en honor de mi madre y que además me dieron el cuerpo entero, yo sola no lo hubiera logrado.

…Algunos funerales son como funciones de teatro o de circo, en esos no hay nada de lo descrito hasta ahora, sólo seres perversos que buscan saciar sus intereses personales, aves carroñeras que quieren el último centavo del maletín que está en el armario del muerto. No vale la pena tocar estas espinas mi estimado lector, ya bastante ocurrirá cuando comience la carnicería entre ellos; sin embargo, si algún día se encuentra en una situación como la descrita, sea capaz de salir avante de ésta o corre el riesgo de perder su espíritu. No reparta más boletos para la función, regale una plegaria al que yace dormido eternamente y salga dignamente.

El funeral de mi madre fue honesto, el dinero no motivo discusiones, ni rebatiñas; no fuimos millonarias, ni tampoco pobres. Por fortuna, logramos cultivar relaciones que rindieron fruto ese día, no hubo función, sólo amor y lagrimas verdaderas, plegarias verdaderas.

Hoy me siento agradecida, por las dos.

 

 

Esta entrada se publicó el enero 22, 2014 en 1:51 am y se archivó dentro de Uncategorized. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

4 pensamientos en ““There are no more tickets to the funeral”

  1. Pocas Pecas en dijo:

    Paola, mi más profundo respeto y admiración, a tu madre, a ti y a tus letras. Me quito el sombrero y reitero, le admiro la manera de escribir y sobretodo compartir con el corazón. Un abrazo. Un agradecimiento por haberle conocido.

  2. Tú Madre era una joya! que mi orgullo pendejo nunca me dejo ver.

  3. Es una joya que sigue brillando en nuestros corazones.

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