Triquiñuelas viajeras: Londres.

La primera cosa que piensas al viajar, es que el mundo te recibirá con los brazos abiertos, con los platos servidos sobre la mesa de mantel largo y la cubertería fina. Podríamos decir que esa apreciación es correcta el 50% de las veces, pero qué pasa con la otra mitad, será acaso que los viajes representan un peligro para el viajero o que lo llevarán a parajes de desolación y angustia.

Para eso estoy aquí mi querido y olvidado lector, para ayudarte a dar unos pasos en la oscuridad, en esta publicación sólo te daré a probar traguitos amargos, porque lo demás te lo dan las guías, toda esa belleza en papel está allá, todo lo negro está aquí, sólo nos queda aprender y mirarle el lado bueno de la frase “ya no me vuelve a pasar”.

Bien, sin más preludios te encaminaré a Londres, sí, el primer mundo, oh la la el Big Ben, el Palacio de Buckingham, el Puente de la Torre y también, la delincuencia muy profesional, casi invisible…

Llegué a ese paradisíaco lugar un diciembre, cuando más turistas hay, cuando el mensaje de paz y esperanza está en cada puerta; hacía frío, de esos que cortan el rostro, había nevado muchísimo los días previos; los días invernales eran muy cortos (y siguen siendo jaja), oscurecía a las 4:30 pm, sin demora.

Ese día, recién desempacada, me dirigía a tomar una bebida caliente cerca de la Torre de Londres, eran casi las 5 pm, por lo que andaba paso a pasito, admirando (devorando con los ojos muy abiertos) todo a mi alrededor, de pronto se me acercó un tipo italiano para que le tomara una foto, por supuesto le dije que sí (era una creyente de la bondad del ser humano), luego me hizo la plática y para finalizar me pidió que le cambiara unas libras por euros. Justo en ese punto, vamos a detenernos amable lector, para observar dos cosas fundamentales alejadas del sentido común:

1. ¿Quién te pide que le tomes una foto cuando ya oscureció? A menos que sea una buena cámara con flash, que no era el caso, saldrá pésima, por lo que de inmediato debes saber que puede ser un engaño. Si te encuentras a alguien con esas características y estás solo, procura mandarlo al diablo, como debí haber hecho yo (es más común que le pase a las mujeres solas o a los japoneses, que casi no tienen maldad en sus corazones).

2. ¿Por qué le pides a otro turista que te cambie unos billetes? En un lugar como Londres, hay muchos lugares para hacer algo así, de modo que es otra señal de alarma.

Veamos como en cámara lenta el italiano me estiró la mano con el billete, a la distancia se podría interpretar de muchas maneras, así que prácticamente nadie podría pensar que está tratando de cambiar sus libras. Inmediatamente tengo a un negro a mi lado, vestido de policía, en una posición intimidatoria, gritando “policía, qué está pasando aquí”. Yo petrificada, tuve la siguiente conversación con él:

-P (Paola): No está pasando nada.

-PPF (Pinche Policía Falso): ¿Te está vendiendo drogas?

-P: No, para nada, quería que le cambiara su billete.

-PPF: déjame ver tu pasaporte.

(En algún lado leí que en ciertos países te revisan el pasaporte, aunque no sabia si en Londres era así, por lo que el miedo me tenía paralizada y saqué mi pasaporte).

-PPF: qué mas traes ahí? Enséñame.

(Traía dinero y papeles).

Inmediatamente el negro buscó entre mi dinero y papeles si supuestamente no traía droga, lo hizo frente a mi, por lo que no le quité los ojos a mis billetes. Después se dirigió al italiano para preguntarle si me estaba vendiendo droga, que le enseñara sus bolsillos y si traía cigarros, también. Una vez que terminó de revisarlo, me dijo algo que francamente no recuerdo y se fue. El italiano también me dijo algo que no recuerdo, lo miré con ojos de mentada de madre, me fui.

De camino a casa de mi prima, reflexioné sobre lo que había pasado e inmediatamente me di cuenta que había sido objeto de un asalto, en mi cara, con lujo de violencia moral, profesional, sigilosa. Corrí desesperada para llegar, una vez que lo hice conté mi dinero y obviamente me faltaba gran parte de él, el PPF me lo había quitado cual Harry Potter, por arte de magia.

Después llamé a la policía, les dije que el PPF era negro como Denzel Washington, todos se rieron, su buena voluntad no llegó más que a una carta de disculpa del Departamento de Policía, donde decía que se había cerrado la investigación por falta de pruebas.

Claro que también te puedes reír, pensar que fui una idiota, que jamás te pasaría a ti, siéntete libre; sin embargo, esta historia, además de ser una catarsis para la escritora, espero te sirva de ayuda en momentos de necesidad. Siempre hay que investigar bien el país al cual vas, cuáles son tus derechos como turista, incluso cómo luce la policía, si esta te puede exigir el pasaporte o mirar tu documentación, qué puedes hacer en caso de ser víctima de un delito, nunca hay que ser demasiado amables y mucho menos ingenuos, la gente se puede aprovechar de ti de mil maneras posibles, a final de cuentas, no eres de casa y lo sabe.

 

 

Esta entrada se publicó el febrero 25, 2016 en 11:28 pm y se archivó dentro de Diario de los Viajes. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Un pensamiento en “Triquiñuelas viajeras: Londres.

  1. Muchas gracias por compartir tu experiencia, yo hubiese caído redondito al igual que tu (y eso que ya soy redondito)

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